Domingo, 27 de Noviembre de 2011 17:58

Agenda amorosa: final abierto para una inesperada cuarta cita

por  Elena Massat
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Agenda amorosa: final abierto para una inesperada cuarta cita Nevit Dilmen

Dejamos a la protagonista de esta serie, huyendo de un pendeviejo setentista que ni se dio cuenta cuando ella lo abandonó en el bar. Todo apunta a que renunciará a la búsqueda de un nuevo amor. Cuarta y última entrega...por ahora.

Lo rulos no están nada mal
Cuando sonó el despertador sintió que un taladro eléctrico le perforaba el cráneo de parietal a parietal. Desde los días previos a la separación no tenía un dolor de cabeza tan fuerte. Se metió en la ducha con la ilusión de que el agua le lavara el pelo, la pena, la sensación de pérdida de tiempo y el dolor. No funcionó. Tampoco funcionó la planchita y por primera vez en un año se fue a trabajar con los rulos con los que llegó a este mundo.

Lo primero que hizo en la oficina fue escribirles a “las chicas” el siguiente mail:
“Creo en la historia. Este idiota se quedó en los 70. No se dio cuenta de que después vinieron el sida, la caída del muro, la caída de las torres, Obama, el tsunami y 'los indignados'. ¿Es que no lee los diarios? Para mí, basta de experimentos. No me llamen por teléfono porque la cabeza me explota y hoy vuelven los chicos y no tengo nada en la heladera. Se lo comió todo Jamiroquai. Las adoro como siempre y les agradezco los servicios.”
Lo segundo que hizo fue salir de su oficina y gritar como una desaforada “¿Alguien tiene algo para la resaca?” Y volvió a encerrarse con un portazo.
Apoyó la cabeza sobre los brazos cruzados en el escritorio y la levantó a los cinco minutos cuando oyó la puerta que se abría para dejar paso a un señor con la espalda de Jamiroquai, las canas de Mayo y las manos de Ghanem, que le alcanzaba una caja de pastillas color naranja.
-Tomáte una ya y otra dentro de media hora, le dijo, y agregó: “Los rulos te quedan mejor que la planchita”.
No había terminado de decir “gracias” cuando el señor volvía a cerrar la puerta y desaparecía detrás de los vidrios de su box.
-¿De dónde salió?, le preguntó a la recepcionista por teléfono.
-Hace un año que trabaja acá, está a cargo de “Nuevos proyectos”.
-¿Y yo, cómo no lo vi?
-Venís de pasarte un año mirando para atrás.
Salió temprano, acomodándose los rulos y echó una mirada para ver si veía de vuelta al señor de los calmantes. No estaba. Corrió al súper y, de paso, a comprar una caja de esos analgésicos que le habían barrido la jaqueca de la mañana. Sacó la cajita para verificar el nombre pero se encontró con otro número: “9130: es mi interno, para cualquier cosa que necesites”.


 

Ultima modificacion el Miércoles, 25 de Abril de 2012 13:08
Elena Massat

Elena Massat

Porteña, humorista, periodista y buena amiga.

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