Martes, 20 de Marzo de 2012 08:01

Farmacia de turno

por  Margarita Michelini
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Llegó un día a conocer la parcela de terreno heredada. Eran mil metros en medio del monte costero y una sola construcción lindera. Dijo que pensaba poner allí una farmacia. "Levantar tres cabañas y una farmacia, explicó. Porque en este balneario, ¿dónde compran los medicamentos?"  La fantasía hizo reír a los pobladores.

Volvió tres años después. Ordenó talar los árboles, limpió el monte y cumplió su promesa. El 2 de enero se encendió por primera vez el cartel de neón, la cruz amarilla que indicaba la existencia del negocio. Estaba muy bien provisto de medicamentos. De los demás artículos que venden las droguerías había poco: algunas cremas faciales, perfumes baratos y preservativos.
De vez en cuando se alquilaban las cabañas; la farmacia estaba abierta las 24 horas. Pasó el verano, pero la clientela no disminuyó. Cada vez se vendían más analgésicos, antiácidos, antiflatulentos, ungüentos y antidepresivos.
¡Qué suerte tuvimos!, decía la gente. Si no hubiera sido porque abrieron la farmacia, no habríamos sabido que estábamos tan enfermos.

 

 

Ultima modificacion el Miércoles, 21 de Marzo de 2012 00:54
Margarita Michelini

Margarita Michelini

Periodista, humorista, editora de cosasdelavida.

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