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Viernes, 12 de Octubre de 2012 15:19

De otro mundo

por  Ricardo Piñeyrúa
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Largada 100 metros llanos /Londres 2012 Largada 100 metros llanos /Londres 2012 Darren Wilkinson /wikicommons

Al final de cada edición de los Juegos Olímpicos, queda en el aire la idea de que nada podrá superarlos, que lo visto es lo máximo alcanzable, que ya no se podrá ni correr ni nadar más rápido, ni saltar más alto, ni lanzar más lejos. ¿Hasta cuándo?, es la pregunta que queda flotando.

Esa sensación casi lógica, de que se ha alcanzado el máximo posible, se desbarata cada cuatro años: en la siguiente edición la fiesta de inauguración será más espectacular y atractiva, se volverán a bajar decenas de tiempos y aparecerán triples saltos mortales y hasta algún chino que saltará del trampolín y entrará al agua sin hacer saltar ni una gota.

Aparecerán adelantos tecnológicos aplicados tanto a lo estrictamente deportivo como a la transmisión televisiva, gran protagonista. En Londres, entre otras novedades, se incorporó un canal 3D y decenas de cámaras en cada deporte. No creo que estemos muy lejos de ver la carrera de 100 metros desde adentro, con una cámara colocada en el pecho del jamaiquino Usaín Bolt cuando intente ganar por tercera vez los oros en velocidad.

Sé que es así, que los brasileños, que tienen talento e imaginación, le encontrarán la vuelta para mostrar al mundo de lo que son capaces y que no en vano son una potencia emergente. Harán lo imposible, como lo hizo Gran Bretaña, para recordarnos que fue el gran imperio.

Es que a esta altura en los Juegos convergen los más fuertes intereses del mundo global: las grandes empresas, que compiten por adquirir los derechos de imagen de los mejores deportistas para promover sus productos; las naciones, que a través de sus atletas buscan dar un salto de “imagen” y “hacer marca”; y, obviamente, las cadenas televisivas, que llegan a un público que difícilmente consigan con otro espectáculo.

Allí se encuentra lo mejor y lo más exótico. Como un circo moderno presentan al más veloz del mundo y a la mujer afgana que corre los 100 metros con velo dejando solo a la vista las manos y la cara.

Es un shopping deportivo, que nos seduce con las proezas del ser humano, que mantiene el afán de superarse y trascender. Al igual que en Olimpia ser premiado derriba muros. Los de la antigua Grecia eran los de la ciudad, que se cerraban luego de que el homenajeado entraba: era una puerta solo para él. Hoy se derriban paredes y se abren las puertas del reconocimiento, y con él las del dinero.

Es así simplemente, el deporte siempre construyó íconos y fue, es y será utilizado para transmitir mensajes. En su fundación, los Juegos Olímpicos querían transmitir un mensaje de pureza absolutamente excluyente en clase y género, sin trabajadores (había que ser amateur) y sin mujeres. Después fueron fiel de la balanza del mundo polarizado, expresión tangible de los avances de uno y otro sistema: héroes de “la clase obrera” o símbolos del “mundo libre”.

Hoy es campo fértil para los mensajes de las grandes “marcas”. En la actual sociedad global, ese idioma universal que todos entendemos, el idioma del movimiento que seduce, permite transformar a los atletas en paradigmas y, con una imagen, comunicar a todo el planeta.

Organizar los Juegos no es para cualquiera. A Londres le costó cerca de 16 mil millones de dólares pese a que comenzó con un presupuesto de 6 mil millones. Eso ya excluye, limitando las ciudades y naciones en condiciones de ser sedes, pero, además, los ganadores mayoritariamente son de los países desarrollados.

Estados Unidos recuperó el primer lugar en el medallero, China parece ser la heredera de la Unión Soviética, y, junto a las Coreas y Japón se colocó en el tercer escalón continental detrás de Europa, que recibió muchas preseas de las repúblicas de la vieja URSS. Muy atrás, quedaron los países sudamericanos y africanos, pese a la presencia de Brasil.

El medallero se podría analizar desde distintos puntos de vista, por genética o cultura: los veloces jamaiquinos y centroamericanos, los resistentes africanos del este, o los fuertes deportistas del centro de Europa, pero es la economía la que domina: a mayor desarrollo, más medallas, a mayor inversión, más podios.

Obvio que también juega la demografía, pero millones sin inversión no funcionan. Claro ejemplo es la India con sus más de mil millones de habitantes, casi igual a China, pero solo obtuvo seis medallas y ninguna de ellas de oro. Su vecino-enemigo Pakistán, con 180 millones de habitantes, solo llevó 39 deportistas y no obtuvo ninguna medalla.

Inversión en investigación e innovación, aplicación de tecnologías y medicina al rendimiento, universalización y especialización del deporte son necesarios para obtener resultados.

Inversión en infraestructura millonaria, planificación y estrategia urbana, fuertes medidas de seguridad, transporte, comunicaciones, hotelería y miles de voluntarios para organizarlos.

Los Juegos son de otro mundo. Aún reconociendo el esfuerzo de quienes van a competir con mínimos esfuerzos como nuestros atletas y otros, para quienes estar allí es un premio a la abnegación y el sacrificio, la fiesta es de los poderosos.

Hasta para nuestros medios de comunicación es difícil, tanto como para los organizadores, entender que un periodista uruguayo trabaje para tres medios, prensa, radio y televisión.

Desde el lejano sur estamos en el gallinero, como Nino Manfredi en la maravillosa película italiana Pan y Chocolate, desde una ventana que hoy es la televisión, viendo cómo se reparten el pastel los hermosos rubios, aunque en el nuevo ordenamiento mundial, los poderosos también son de ojos rasgados.

 

Publicado en la revista digita vadenuevo, número 49, del 3 de octubre de 2012.

Ultima modificacion el Viernes, 12 de Octubre de 2012 16:13
Ricardo Piñeyrúa

Ricardo Piñeyrúa

Periodista, comentarista deportivo.

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