Jueves, 25 de Agosto de 2011 19:43

Común denominador celeste

por  Ricardo Piñeyrúa
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El Mundial de fútbol y en particular la actuación de la selección uruguaya, fueron tema para varios libros que se publicaron rápidamente, buscando la venta ante la avidez y la euforia que provocó entre los uruguayos.

Principalmente libros de periodistas deportivos, biografías de los futbolistas, trabajos colectivos de personalidades de varias áreas y libros de fotos ocuparon las vidrieras de las librerías uruguayas.
Cuando la euforia del Mundial iba apagándose, y antes de que comenzara la que generó la Copa América, Ana Laura Lissardy publicó su libro Vamos que vamos. Un trabajo en el que perfila a cada uno de los 23 jugadores y al técnico Oscar Tabárez, luego de una serie de entrevistas, que incluso la llevó a recorrer parte de Europa para hablar con ellos.
El libro se divide en capítulos destinados a cada jugador, ordenados por el número de su camiseta y agregando al nombre de cada uno, una característica que lo distingue y lo hace único.
Característica que va más lejos que la entrevista o la visión que a ella le dejó el contacto con los jugadores, ya que se basa en lo que cada uno dice de sí mismo, pero utiliza lo que de él dicen de sus compañeros.
Más allá de lo agradable de la lectura, de conocer algunas historias poco transitadas y quizás hasta para entender el porqué algunos jugadores integran el plantel, en casi todos los casos, por no afirmar que en todos, aparece un rasgo que los unifica, la tenacidad, la voluntad para alcanzar un objetivo, la recuperación en muchos casos tras frustraciones, el deseo de obtener algo, más allá del dinero.
El libro, recomendable para todo público aficionado o no al fútbol, confirma el acierto de la selección de los jugadores realizada por el maestro Tabárez, que en algún momento fue muy criticada. Esta segunda época al frente el maestro, vino con un proyecto bajo el brazo. Lo denominó “proyecto de institucionalización de los procesos de selecciones nacionales”.
Uno de los aspectos trascendentes fue la búsqueda de un perfil de jugador de la selección, su entrega al trabajo, la comprensión del juego, la conducta dentro y fuera de la cancha y sentir que hay una “causa” y que son imagen del país.
Y el libro confirma que los resultados obtenidos son fruto de una selección dentro de la selección. Es decir, Tabárez eligió a los mejores profesionales, de acuerdo al perfil determinado entre jugadores ya profesionales y en su mayoría dentro de aquellos que saltaron del fútbol local al fútbol extranjero, especialmente europeo, es decir entre aquellos que ya habían sido seleccionados por los clubes uruguayos primero y los extranjeros después.
Quizás para muchos faltó en esa selección algún futbolista dotado de mayor calidad futbolística, pero al técnico la experiencia le ha enseñado, que para competir en el máximo nivel que es un Mundial, se necesita de personalidades que puedan superar la adversidad y que tengan voluntad para hacerlo, que sepan ser “parte” de un equipo y con capacidad de máximo sacrificio.
En este nivel de competencia y exigencia no hay lugar para el amateurismo, ni siquiera para elegir una cancha de entrenamiento o la ropa deportiva. Los resultados lo han demostrado.
Esa es la principal enseñanza que dejó la “celeste” en el Mundial y en la Copa América y los perfiles de los futbolistas creados por Lissardy lo confirman.
Detrás de cada uno aparece una vocación por salir adelante y no rendirse, eso fue la selección, pero…con una estrategia marcada por Tabárez, que indicó cómo pelear y con que principios. Bien dicen, no alcanza con luchar, hay que saber para qué.

Ricardo Piñeyrúa. Especial para CDV.

 

 

Ultima modificacion el Sábado, 29 de Octubre de 2011 19:19
Ricardo Piñeyrúa

Ricardo Piñeyrúa

Periodista, comentarista deportivo.

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