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Lunes, 17 de Octubre de 2011 18:45

Agenda amorosa: la tercera no es la vencida

por  Elena Massat
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Terminada la maratón erótica con el rockero-deportista, la protagonista de esta historia decidió darse un respiro. Había perdido el aliento y la esperanza. Sin embargo sus amigas no estaban dispuestas a permitírselo. “No hay que perder el training”, dijeron, "porque después parecés desesperada y eso los espanta", agregaron. Así que la que le había suministrado el tercer “recomendado” le dijo:

-Relajate. Esta vez no llames vos. Mi número se ocupa, y a éste historia le sobra.

No te digo que haya arrancado adoquines en el Mayo francés, pero casi. Tiene 50 largos así que no hay que explicarle nada.
Anclao en los años 70

 

Mayo la citó en La Giralda.
-¿¡La Giralda?!, chilló la recepcionista. Pero qué se cree, que sos Joan Baez?
Ella había pensado lo mismo y, mientras organizaba un sorteo entre las compañeras de oficina con el teléfono de Jamiroquai, el adonis rockero, como premio, pensó que no hacía un programa por la calle Corrientes desde antes de que ensancharan las veredas.
Hacía un calor y una humedad de hostias la noche que ella buscaba dónde dejar el auto. No había tenido demasiado tiempo para la planchita así que  sus rulos reales empezaron a emerger vigorosos como conscientes de que el tipo con el que se iban a enfrentar era del palo de “al natural”.
Cuando entró en La Giralda 20 minutos tarde después de tirar el auto a siete cuadras, Mayo –que leía apaciblemente sentado contra la pared- levantó la vista como si la hubiera intuido. Mayo era una suerte de Georges Moustaki (un José Larralde, pero en francés) de pelo agrisado, barba frondosa y ojos melancólicos de ginebra y sueños incumplidos. A Joan se le despertó el gen tierno y recibió receptiva la sonrisa manchada de Fontanares ¡todavía existen! que Mayo le dedicó.
-Perdonáme la tardanza, iba a explicar pero no pudo terminar. Él ni siquiera se había dado cuenta de la hora. En realidad, estaba desde las 5 de la tarde sentado ahí leyendo. Le encantaba leer en los bares de Corrientes.
-Volver a los 17, recordó para sus adentros Joan (ahora Violeta Parra) y se preguntó qué haría ese tipo en la vida real, digo, para vivir.
No pudo conjeturar nada porque la mareó el discurso de profesor universitario-teórico de la comunicación-semiólogo que el tipo era y lo lucía. Era interesante, pero no paraba.
Joan Violeta trataba de no perder el hilo del discurso mientras se bajaba una cerveza helada sin meter baza. Cuando iba por la mitad de la segunda botella -él seguía conectado a la ginebra-, el calor de La Giralda empezó a resultarle insoportable y entonces se dio cuenta de que Mayo había saltado al rubro musical y estaba embarcado en un monólogo que discurría por los aportes que “Silvio” y “Pablo” habían hecho para mantener en pie las banderas de la revolución.
-¡Caramba!, dijo o pensó. Se levantó mareada explicándole que a ella también se le caían las lágrimas cada vez que escuchaba “volveré a pisar las calles nuevamente…” pero que para mantener a sus hijos cumplía con un trabajo que la obligaba a estar despabilada a las 8 de la mañana todos los días de su vida menos 15 al año. Que La Giralda, La Paz, El Foro y El Ramos formaban parte de un itinerario que ella había abandonado como tal hacía 15 años. Que le encantaba leer en la casa que se había comprado con un crédito religiosamente pagado a fuerza de trabajo. Y que, de todas maneras, prefería al Silvio Rodríguez romántico.
Dejó sobre la mesa la parte que le tocaba pagar por las dos botellas de cerveza y se fue a los tumbos rumbo al auto silbando bajito “Ojalá que la lluvia no te moje cuando caiga”.

 

Ultima modificacion el Sábado, 29 de Octubre de 2011 19:14
Elena Massat

Elena Massat

Porteña, humorista, periodista y buena amiga.

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