Miércoles, 04 de Abril de 2012 10:17

La rubia que se desmaya

-“Soy madre, esposa y amante, laburante, ama de casa, relacionista pública con mi exmarido, psicóloga con la mucama, la vecina, mis hermanos y unos cuantos más. A todos les resulta fácil plantearme problemas y pedirme ayuda. ¿Qué soy? La mujer siete oficios- multi empleo siempre al borde del ataque de nervios. Me duermo en el cine y hasta en la peluquería...”, le contaba Beba a su íntima amiga de paso por la capital.

Publicado en Dazibao

Dejamos a la protagonista de esta serie, huyendo de un pendeviejo setentista que ni se dio cuenta cuando ella lo abandonó en el bar. Todo apunta a que renunciará a la búsqueda de un nuevo amor. Cuarta y última entrega...por ahora.

Lo rulos no están nada mal
Cuando sonó el despertador sintió que un taladro eléctrico le perforaba el cráneo de parietal a parietal. Desde los días previos a la separación no tenía un dolor de cabeza tan fuerte. Se metió en la ducha con la ilusión de que el agua le lavara el pelo, la pena, la sensación de pérdida de tiempo y el dolor. No funcionó. Tampoco funcionó la planchita y por primera vez en un año se fue a trabajar con los rulos con los que llegó a este mundo.

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Lunes, 17 de Octubre de 2011 18:45

Agenda amorosa: la tercera no es la vencida

Terminada la maratón erótica con el rockero-deportista, la protagonista de esta historia decidió darse un respiro. Había perdido el aliento y la esperanza. Sin embargo sus amigas no estaban dispuestas a permitírselo. “No hay que perder el training”, dijeron, "porque después parecés desesperada y eso los espanta", agregaron. Así que la que le había suministrado el tercer “recomendado” le dijo:

-Relajate. Esta vez no llames vos. Mi número se ocupa, y a éste historia le sobra.

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Sábado, 09 de Julio de 2011 16:59

Agenda amorosa: prueba y error

Marcó el primero de los cuatro números de teléfono que figuraban en el blackberry que “las chicas” le habían regalado cuando les anunció que el duelo por su divorcio estaba terminado y que se sentía lista para volver al ruedo. Sus hijos se pasarían las vacaciones con el padre así que tenía tiempo y espacio. Cada una de sus cuatro amigas había aportado un teléfono masculino a cambio de supervisar por turno las negociaciones en cada caso.
Se tomó una semana sola en la playa –“quiero descansar de mis vínculos”, me dijo-, y, organizada como es, se abocó a la tarea de convocar galanes como si estuviera a cargo de una oficina de selección de personal.

Primera cita: 2 es mejor que 1

El tipo era periodista y vivía en La Plata. Le gustó enseguida. Varonil y prepotente, a la media hora del llamado estaba sentado frente a ella, en su oficina. De pura casualidad, la agarró con la planchita recién hecha y una camisola hippie chic que le resaltaba como sin querer el sol que había acumulado en su estadía en Valeria. Quedaron en ir a almorzar el viernes siguiente.
¿Por qué a almorzar?, consultó con la supervisora de este primer número.
-Es lo mejor, intentó explicar la otra. Es menos comprometido para vos, después te volvés a trabajar y, si no te gusta, lo tachamos de la lista.
El almuerzo fue un éxito. Comieron en un restaurante árabe y a ella le encantó porque uno de sus abuelos había sido libanés y ella se declaraba descendiente directa de Sherezade.
El periodista platense –además- hizo gala de una elegancia natural que le hizo creer que se encontraba frente a un príncipe, protagonizando uno de los relatos de “Las Mil y una Noches”. Volvió a la oficina más radiante de lo que había regresado de vacaciones y segura de que los astros se habían alineado sobre su cabeza.
All almuerzo le siguieron una catarata de mails, mensajes de texto y ¡flores! En cuanto a las salidas, comenzaron con un partido homenaje a Guillermo Vilas en el Lawn Tenis, continuaron con té en Villa Ocampo, y concluyeron con un happy hour de tapas y cerveza artesanal en el Bajo de San Isidro. 
Parece ser que la cerveza artesanal produjo su efecto y el postulante número 1 –a quien llamaremos “Ghanem ben-Ayub”- se despachó con un besamanos. Digo “besamanos” pero debería decir “besadedos”: con una sensualidad estremecedora, Ghanem ben-Ayub –como adiestrado en una tienda del desierto- tomó una de las manos de Sherezade y, bajo una luna de Bertolucci, le besó las yemas de los dedos, una a una suavemente, de modo tal que ella sintió que recuperaba el cuerpo que había dado por perdido junto con el divorcio.
Del Bajo de San Isidro al departamento de ella en Palermo, el auto de Ghanem tardó 16 minutos. Lo que siguió estuvo a la altura paradisíaca del besamanos, pero –para sorpresa de la dueña de casa- el emir se vistió, volvió a la carga con lo de las yemas de los dedos (esta vez a modo de despedida) y se volvió a subir a su auto diciendo que antes de la 1 tenía que estar de vuelta. Ahí fue cuando ella empezó a sospechar que el príncipe arábigo-platense se guardaba algo debajo de la yilbaba. 
Sherezade la hizo corta. Se sacó el velo de los ojos, habló con la que le había dado el número, se inició la investigación y en dos días todo estuvo claro: el tipo tenía una novia hacía cinco años con la que convivía algunos días de la semana. La happy noche de la happy hour le tocaba dormir ahí.
Ghanem fue citado a declarar en un café y cuando le pusieron las pruebas del delito frente a los ojos, ni siquiera se inmutó.
“Mi sueño era tener un harén, me dijo que le dijo, pero llegué a la conclusión de que lo ideal son dos mujeres. La verdad es que lo de la monogamia es una cuestión cultural. No sé, disculpá, pero te creía una mina más abierta”.-¡Caramba!, dijo ella, cuando consiguió cerrar la boca. Y sin dejarse conmover por la exquisita elegancia del periodista platense alias Ghanem ben-Ayub, le tiró la segunda taza de café que había pedido sobre los caballitos de la corbata Hermès que el tipo había elegido para la cita.

 

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