Viernes, 27 de Febrero de 2015 13:50

La reposera, ¿es un derecho humano?

por  Margarita Michelini
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Inés va a la playa sin silla ni reposera. Es más, no lleva ni siquiera una lona donde sentarse. Tampoco se pone protector solar aunque cumple con el requisito de usar sombrero, lentes de sol que le cubren la mitad de la cara y un vestido de manga tres cuartos que le llega hasta la rodilla. Le dice a su dermatóloga que lo hace para proteger su piel. Miente. Ese look, que sus amigas califican como “horrible”, “ridículo”, y hasta “deserotizante” y “espanta amores” (que no es lo mismo), le permite recorrer de incógnito toda la playa. El objetivo de su andar clandestino es ponerse al tanto de las novedades del barrio, en este caso “balneario.”

Alterna mañana y tarde, no cumple un horario fijo y, de vez en cuando, se queda a ver la puesta de sol para criticar por lo bajo a los que aplauden al astro rey cuando nos deja, a la caza del rayo verde.
A mediados de enero tiene el panorama claro. Sabe cuáles son las bajadas preferidas por las familias, las top del año anterior que ya fueron, las que están llenas de gente que no conoce y las otras, las de la gente que sí le interesa. Allí concentra su vocación antropológica, porque ella no es chismosa, vamos, si no que se interesa por las personas y su circunstancia. Por eso, de vez en cuando, guarda sus gafas y se acerca a alguna de las sombrillas para averiguar quién es ese fulano desconocido que frecuenta a tal, a cuál restorán hay que bajarle el pulgar y, sobre todo, las intrincadas motivaciones, relevos y nuevas designaciones en el staff del gobierno piafando en las gateras.
Entre sus amistades figura una buena parte de las líneas internas del oficialismo y alrededores. Para representar a todas la playa debería extenderse hasta el Chuy, piensa Inés.
Es en esos encuentros, cuando ella cuenta que no tiene una bajada fija y que va a la playa caminando, que llega la pregunta: ¿Y la reposera?
Ahora, escarmentada, sabe qué responder, pero la primera vez sufrió un shock. No solo por el rotundo desconcierto del amigo que hacía la pregunta sino porque, al mirar a su alrededor, se dio cuenta de que desde los médanos hasta la orilla, había otro mar: un mar de sillas, sillones y reposeras; algunas de talle infantil.
Su respuesta la dejó pegada. Nunca usé, contestó, cuando era chica, llevar silla a la playa era cosa de porteños. La carcajada de sus amigos despertó al guardavidas (“salvavidas”, en su “tiempo”) quién corrió hasta la orilla preguntándose dónde estaría el ahogado.
Cuando recuerda el episodio el bochorno repite, peor que los fritos o el pepino. Usar como argumento: “antes” o “cuando iba a la escuela”, le parece patético en los demás e inadmisible en ella misma que se enorgullece de parecer inteligente.
Luego, Inés siguió con las explicaciones sobre costumbre, gustos y también “principios ecológicos”. En resumen: Antes se bajaba a la playa con lo puesto y los baldecitos para los niños para quienes no se llevaba ni agua. Ahora, antes de salir para la playa ya estás estresado, te preparás como si fueras a viajar al desierto o la montaña, llevás un cargamento imposible de trasladar a pata, no caminás, gastás nafta y, lo peor, los asientos playeros vienen con obsolecencia programada. Por eso, cuando termina la temporada quedan más sillas deshauciadas que perros abandonados, aseguró sin ningún pudor por su bravuconada estadística.
Inés quedó preocupada. ¿Es posible que se declare la tenencia de reposera un derecho social, cultural o las dos cosas? O peor, que con el tiempo su uso se vuelva obligatorio por razones sociales y de salud. Si la ley deriva de la costumbre es muy probable que en poco tiempo se estudie en comisión la Ley del uso de sillas, divanes y reposeras en la costa. ¡Zácate!, de ahí al inspector de reposeras y el impuesto a su uso y porte...un solo paso.
Por ahora, zafa. Cuando alguien le pregunta por la silla en cuestión, solo atina a decir: Hoy no la traje...vine por un ratito nomás.

Publicado en la revista puntogg, febrero de 2015.

Margarita Michelini

Margarita Michelini

Periodista, humorista, editora de cosasdelavida.

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