Jueves, 23 de Abril de 2015 21:08

El arte es terapéutico

por  Andrés Alsina
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“Pero en el transcurso de la mañana me fui dando cuenta de que todo está en la cabeza (…). Otra vez, pienso. Comienzo a escribir. Como si viniera alguien que ya había venido antes. Un poco nervioso, pero con gran entusiasmo. Buen comienzo: con el pie derecho.

De a poco se van yendo los fantasmas. De a poco voy consumiendo mi día de escritura para llegar a escribir lo que pensé que no iba a escribir. (…) Ahora, después de haber escrito algo llego al punto de donde no querría salir. Mejor es ir despacio, sin apuro. Ya he escrito bastante de nada y siento como una luz, algo que produce un cambio. Es de mañana y me gusta”.

Es una buena descripción del proceso creativo que yo podría suscribir, pero sería plagio. Quien escribió esto es Adolfo González, ha padecido sufrimientos psíquicos graves pero crear lo saca del mundo doloroso y solitario de su cabeza y lo pone en igualdad de condiciones con toda persona sensible y creativa.

“Te tengo, me decía, mientras tomaba un mate y qué otra cosa podía hacer”. Qué otra cosa. Casi una veintena de los participantes diurnos de Ciprés, un laboratorio uruguayo de rehabilitación, trabajaron tres años con artes plásticas, escritura, música y un foro de cine para dar a luz el libro Trama Viva. Es algo que vale la pena conocer, disfrutar y además hacerlo vivir las vidas que le faltan en aquellos que pueden disfrutarlo.  Porque, ¿de qué vale el arte si no hay a quién le llegue y también lo transforme más no sea un poco?

Así que se abre el pequeño, prolijo y colorido volumen para encontrar palabras buriladas, “pintadas”, dice alguien, como pueden decir de su firma aquellos que no saben escribir (y ellos lo están averiguando): pintar la firma. Pero esta gente sabe escribir pues si no sus palabras no darían su carga de amor, ternura y soledad, que es en verdad la verdadera muerte para ellos y que la han vivido tanto, pero tanto durante demasiado tiempo. “Luego cierro los ojos. Era el final de la mirada”.

Encerrados en su sufrimiento, salen a dar la más valiente de las batallas; la del arte. Porque les exige sinceridad y eso abarca la incomprensión contra la que luchan desde mundos íntimos, propios, como lo son todos. Y así van al encuentro del denominador común del hombre, de todos los hombres, y su sufrimiento ya no es solipsista sino el camino de la comunicación con el mundo. En ese abanico del arte ellos se sienten no sé si a la par de los demás y ni siquiera sé si eso importa, pero sí seres íntegros. Y no lo sueltan. “Arte. ¿Qué milagro te alberga?/¿Qué locura te encierra? Arte/eres primavera/luz en tinieblas”.

Vienen desde adentro de sí mismos como caracoles que asoman al sol. Vienen de una realidad “desolada/como la peor mañana de invierno y sin chocolate. Como yo.” Y su realidad es que “Vivo sin tiempo/y el resto de la vida/descompaginada en mi cabeza…” Atemorizan la fragilidad de estos pasos que dan: “Soy el faro del fin del mundo/que prende fueguitos para que lo vean./ Hoy me siento media nuez/flotando en el mar abierto.” Y a veces, tal vez muchas, “La realidad se apaga y me hace sentir sin luz”.

También hay allí música y pintura con figuras oníricas, construcciones y ningún ángulo: es un mundo que fluye o que se construye en una marcada diversidad que lo hace incomprensible, armónico por extrañps caminos y así disfrutable. Hay una estrofa que espera música, y la merece: “…y en cada canto esperar, /que la inocencia se adueñe/y llenarme así de duendes/y en la vida poder gozar”. La inocencia es, si se piensa, una posición inatacable desde la cual es posible cuestionar. “¿Por qué llora el terapeuta?/Marginado en su secreto/mantiene abiertas las distancias pero tampoco tan lejos. ¿Por qué llora el terapeuta? Feliz debería ser/con las palabras indicadas y la síntesis en vuelo. (…) ¿Por qué llora el terapeuta? Eso, jamás lo sabremos. Cuando cae el telón/en la penumbra agonizan sus silencios y recuerdos”.

Es gente valiente ésta. Sabe que existen “las cuerdas de un violín dispuestas a desafinar”. Y hay una meta, por dolorosa que sea: “Si algún día encuentras la libertad/ponla debajo de tu almohada./ Si te acompaña en tus sueños y te lleva/de lo paradisíaco a lo infernal, la libertad ya es tuya.”

Y siempre está el recurso del humor: “Gracias al tango Cambalache el siglo XXI no es tan malo”. Y “Freud pudo estudiar el Complejo de Edipo basándose en los griegos. A los terapeutas uruguayos les bastó con el tango”. Humor, más no sea para convivir con el mundo del que no alcanzan a despegar: “Estoy cansado de los zarpazos que la enfermedad me tira”. Y “El quinto jinete se acerca/Desprende locura/No brinda piedad/Atado a mi cama me duermo”.

Publicado en el semanario Brecha, Montevideo, 17 de abril de 2015.

Ultima modificacion el Miércoles, 27 de Mayo de 2015 13:00
Andrés Alsina

Andrés Alsina

Periodista

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