Miércoles, 18 de Junio de 2014 15:53

Medio millón de abuelas celestes

por  Margarita Michelini
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Madre hay una sola. Alcanza y sobra, por lo menos para los nenes de más de tres años. En cambio ¡las abuelas!, nunca están de más, son bienvenidas aunque lleguen en legión a cualquier edad y circunstancia. Ellas consienten, alientan, justifican, ¡adoran! a sus nietos en especial a los varones, sin pudor.

Buena noticia para los muchachos celestes porque, haciendo números, cuentan con medio millón de  abuelas, dispuestas a aplaudirlos y cubrirlos de elogios pero, sobre todo, justificarlos y culpar a otros cuando les va mal.

Un cálculo al voleo indica que en Uruguay el número de mujeres de 50 años o más, supera las 400 mil. “Cuatrocientos mil largos”, dijo un amigo experto, quien aclara que no todas las mujeres de esa edad son abuelas y que algunas ni siquiera son madres. En este caso las solteras, casadas sin hijos y madres con hijos sin descendencia califican mejor para el puesto de “abuelas celestes”. El defecto se convierte en cualidad porque al no tener hijos o nietos propios, necesitan sujetos de amor y protección que parezcan reales. ¿Y qué mejor que los chiquilines de la selección? Son lindos, exitosos, sus vidas no tienen misterios y se puede hacer referencia a ellos como si fueran de la familia sin despertar suspicacias.

Eli, amiga militante del voto en el exterior, asegura que hay repartidos por el mundo un millón de compatriotas, incluidos los futbolistas de la Selección. Si no le erra, redondeamos para arriba y llegamos al medio millón de abuelas de cinco décadas o más.
Las abuelas sub 50 no califican porque la hormona, todavía muy presente, inhabilita cualquier mirada tierna, inocente o protectora.

Que los muchachos no se preocupen: oídos sordos a los mufas, a los exitistas, a los que se suben al carro cuando la Selección gana y la llenan de insultos cuando le va mal.

Que sepan que el país con menor número de habitantes de los 32 que participan del Mundial Brasil 2014 cuentan con multitudes de abuelas reales o potenciales dispuestas a adoptarlos.

Ya se vio en las eliminatorias. Al mismo tiempo que rezaban o cruzaban los dedos para que los muchachos clasificaran, más de una murmuraba por lo bajo: “Total, si no van a Brasil, no es grave. Mejor para ellos que podrán pasar unos días tranquilos con su familia”.

Si meten goles, aplauden. Si no, la culpa será del calor de Brasil, de las intrigas de los dirigentes, del tongo en el sorteo, o de la presión de la hinchada que les pide la Luna.

No son todas iguales. Está la directora técnica que sabe de fútbol, adelanta la lista de titulares y grita indicaciones a lo largo de los 90 minutos. La súper enterada que conoce todos los chismes familiares y deportivos. La protectora plus que lleva hechas varias promesas, puso en marcha media docena de cábalas y tiene un altar con los ídolos del fútbol de otrora por si el culto de Oriente a los antepasados funciona. Se agrega la fiestera que no entiende de fútbol, lo deportivo le da igual pero disfruta del alboroto por lo cual “con haber llegado a Brasil ya cumplimos”. En la otra punta, la abuela maestra ciruela con o sin título para quien “lo importante es competir, que nuestros jugadores jueguen limpio, la copa no importa”.

Las que integran las categorías resentida, celosa y madre frustrada son legión y, tal vez, las únicas  peligrosas porque cuando las cosas van bien se atribuyen méritos de “trabajos” y “yo lo dije”, pero cuando la suerte no acompaña descargan todas sus baterías contra el DT: ya fue maestro, ya fue buen mozo, ya fue.

Para las malas, malas, tanto en el fútbol como en cualquier otra actividad, sale a la cancha ¡la abuela adoradora! Es una abuela de elite: nunca un reproche, siempre una sonrisa y su mirada -adoradora- de aliento.

De ese medio millón de abuelas no es arriesgado pensar que la mitad está en esa categoría. Muchachos, ustedes...tranquilos.

 

Ultima modificacion el Martes, 19 de Agosto de 2014 20:32
Margarita Michelini

Margarita Michelini

Periodista, humorista, editora de cosasdelavida.

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