Domingo, 20 de Julio de 2014 12:54

Mujer, fútbol y modales

por  Margarita Michelini
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Tres de los cuatro países cuyos seleccionados llegaron a semifinales en el Mundial 2014 están gobernados por mujeres. Angela Merkel, Cristina Fernández y Dilma Rousseff gobiernan sobre más de 220 millones de personas, población sumada de Alemania, Argentina y Brasil.
A Angela Merkel, quien cumple en estos días sesenta años, le gusta el fútbol desde que era estudiante de química en la RDA, cuando Alemania estaba partida en dos y Berlín cortado por un muro.

Este año en Brasil la vimos alentar al seleccionado, la Mannschaf, en la final, cuando Alemania se alzó con el campeonato. Los aplausos de Merkel son discretos, sus gritos de gol, en cambio, apasionados, a los saltos, empujando con sus brazos hacia el cielo.

No por mujer, sino por el cargo que ocupa , Merkel se da el gusto de hablar a menudo con Joachim Löw, entrenador del seleccionado alemán para intercambiar opiniones sobre la marcha del equipo. Löw, quien la considera informada, aprecia su buen humor.

¿Se habrá enterado doña Angela de la polémica desatada en los cafés virtuales de estas latitudes a propósito de las mujeres, el fútbol y la Selección? Apuesto que no.

La mención de la canciller alemana y las presidentas argentina y brasileña es ilustrativa de los avances que ha tenido la condición de la mujer. Sin duda, no son parejos para todas. Al dicho de que es mejor ser “rico y sano que pobre y enfermo”, se podría agregar las palabras “varón” o “mujer” ya que en variadas situaciones y empleos, las mujeres siguen en desventaja.

En 2014, en Uruguay, la paridad entre hombres y mujeres es mayor que en 1950. Lo mismo pasa con las opciones. Si una mujer quiere jugar al fútbol, puede hacerlo; si quiere convertirse en hincha, también.

Los hinchas de fútbol conforman una fauna variada entre cuyos ejemplares hay desde alegres señores (o señoras) de caras pintadas y espíritu festivo hasta tipos (y tipas) guarangos, soeces, descontrolados capaces de romper, lastimar y matar.
Desde las gradas de un estadio o en el living de su casa, numerosos hinchas alientan a su equipo al mismo tiempo que liberan con sus gritos otra cólera y otras frustraciones que poco tienen que ver con el deporte. Esa descarga que no le hace mal a nadie tal vez evita males peores.

En estos casos, la condición femenina o masculina queda en segundo plano frente a la condición de “hincha”.


Nota. La columna de un colega que expresó su sentir sobre la relación de las uruguayas con el fútbol provocó enojo y discusión en las redes sociales.

Intercambiar opiniones por Facebook o en la sección de comentarios de los portales reúne los defectos de la charla de café pero no sus virtudes. La charla de café está devaluada porque se la identifica con la conversación al cuete, que salta de un tema a otro, en la que se admiten tanto la pavada como la payada. La virtud es que reúne a un grupo reducido de personas, conocidas o amigas, que se entretienen y se tratan con consideración mientras esperan el milagro de probar un buen café.

Por el contrario, quienes comentan las notas periodísticas en los portales utilizan ese espacio de la misma manera que las paredes de los baños públicos, donde la agresión es anónima e impune.

En Facebook, donde sí se da la cara, el ritmo vertiginoso de la conversación entre demasiados participantes impide tratar los temas de a uno y con cierta profundidad.

Estos intercambios no son partidos de verdad, sino picaditos de potrero en los que no se distingue la hinchada de los jugadores. Las oportunidades para el buen juego son escasas, pero por tratarse de un picadito virtual tampoco hay ocasión para que se arme piñata.

Publicado en el semanario Voces, el jueves 17 de julio de 2014 con el título "Un picadito virtual picante".

Ultima modificacion el Viernes, 22 de Agosto de 2014 19:05
Margarita Michelini

Margarita Michelini

Periodista, humorista, editora de cosasdelavida.

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