Domingo, 07 de Septiembre de 2014 19:59

La muralla y el Ketman

por  Eduardo Mariani
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El poema de Nicolás Guillén, convertido en canción por los Quilapayun, “Para hacer esa muralla”, trata de la construcción, por “todas las manos”, blancas y negras, de un muro o fortaleza que separe el Bien del Mal. Una muralla cerrada para el Mal (“el gusano y el ciempiés”) y abierta para el Bien (“la paloma y el laurel”).
Muy simpática, por lo menos hasta que uno la piensa mejor

Porque ese muro metafórico tiene mucho de represivo. Primero en lo personal, por las cosas de uno mismo que van en contra del ideal dominante; sin duda también de exclusión social (por no decir supresión), para dejar fuera de la muralla al ladrón, al criminal, pero también al desviado y al perverso, al comerciante o al capitalista, llegado el caso.

La metáfora de muro separador entre el Bien y el Mal flota y vuela a través de la historia, está presente en todas las murallas defensivas de las ciudades, desde la Gran Muralla China, pasando por la Ciudadela de Montevideo, el Muro de Berlín y el que se construyó hace unos años en Israel. Está en el Telón de Hierro, muro virtual que se levantó a lo largo de las fronteras del imperio soviético, que en ciertos tramos, de hecho, no era nada virtual, sino material: campos cercados de alambradas de púas y sembrados con minas antipersonales. En Cuba, el Mar Caribe oficia de muralla.

En cada caso, los de adentro del muro se ven como el Bien, y consideran a los de afuera como el Mal; en todos los casos el muro supone vigilancia en las puertas, control de movimientos, vigías y centinelas. Esa es la simpática muralla de Nicolás Guillén y los Quilas.

La muralla del FA

He aquí que en el FA ha crecido una mentalidad de ciudad sitiada, de vida intramuros, separada del mundo infame que, como el agua estancada, se pudre más allá de la muralla. Un punto de vista que considera que la corrupción, la inepcia y el desprecio por la gente se empoza y medra extramuros.

“¡La disciplina y la unidad compañeros!” son las consignas que se repiten todos los días como un mantra para mantener la moral del pueblo atrincherado en la ciudadela. Adentro, se permite todo, hay libre circulación; afuera, todo es malo.

Pero la realidad está lejos de respetar esta división. Hay mal, afuera y adentro. Hay bien también afuera. El discurso de los oficiales de la ciudad sitiada se adapta para manejar estas complejidades, pero requiere gran habilidad dialéctica. El militante frenteamplista debe ser experto en esas acrobacias, lo que los franceses llaman el manejo de la “langue de bois”.
Con el gobierno de Mujica, en su estela turbulenta de torpezas y chanchullos, la tarea se hace más difícil. El presidente habla y habla, es un maestro en el hablar que gusta, en halagos y complacencias, pero no alcanza.

Desde adentro de la muralla no se ve la verdadera situación, se puede creer que está todo permitido, porque la sanción tarda en llegar. Es el peligro del aislamiento, del circuito cerrado de conversación entre los adalides del Bien: se convencen mutuamente de que todo está marchando, que “vamos bien”, y que se puede ganar las elecciones con una fórmula basada exclusivamente en la antigua popularidad de un ex presidente, completándola con el favorito del palacio. Solo en un circuito cerrado interior de la ciudad sitiada, en una habitación sin ventana, puede inventarse una consigna semejante: “vamos que vamos bien”. Para pensar así hay que compararse solamente con el pasado negro, con la hondura de la crisis del 2002, con el estancamiento de los años 50 y 60, con la opresión de la dictadura, y no pensar en los modelos que tenemos, lejos por delante y sin embargo tan parecidos a nosotros: Finlandia, Islandia, Nueva Zelanda, Suiza.

(Soy consciente que los mencionados son modelos bastante liberales y ultra capitalistas, pero, ¿hay algún modelo socialista? Podríamos agregar a Suecia, modelo socialdemócrata, para darnos el gusto.)

Dentro de la muralla del FA, como antes detrás del Telón de Acero, funciona el Ketman. ¿Qué es?

El Ketman de Astori

El poeta polaco Czeslaw Milosz (premio nóbel 1980) nos explicó el Ketman en su libro “El pensamiento cautivo”, publicado en 1951, aún en vida de Stalin. Libro condenado como sacrílego, luego rehabilitado en 1956, y censurado de nuevo en 1957, es un clásico retrato interior de los intelectuales en régimen totalitario. Para ese retrato se sirve del Ketman.
No habla de represión ni de campos de concentración o de castigos de la disidencia. Habla del sometimiento por autoconvencimiento de los poetas y escritores, de filósofos y novelistas, frente a la posición magistral del Partido. No solamente aprenden a callarse, más: se convierten en maestros de la palabra elogiosa, encontrando en los vericuetos y en los repliegues del discurso conforme, el lugar donde puedan poner a resguardo su reservas y sus valores, o por lo menos creer que los conservan.

Eso es el Ketman: una institución, una disciplina, un modo de vida. Fingir ser otro para ser uno mismo, en condiciones en que serlo, o seguir siéndolo, exigiría retirarse, exiliarse o peor. Milosz describe las variedades del Ketman: el Ketman nacional, el Ketman de la pureza revolucionaria, el estético, el profesional, el escéptico y el ético. Creo que Astori inventó uno nuevo, el económico.

Se traga enormes sapos crudos para preservar el curso económico que cree justo. Deja pasar cualquier desmán del “grupo de los ocho” con tal de que el manejo de la economía no se salga de madre, como ser el nombramiento de Sendic en la fórmula presidencial o la ley de responsabilidad penal de las empresas. Si lee esto, dirá que a él le parece todo lo más bien, que son diferencias normales dentro de la “fuerza política” (muralla).

Está constantemente amenazado por el coro murguero de ser lanzado afuera, de ser arrojado al fangal indiferenciado de la “derecha", de ser declarado “traidor”, de ser desalojado del perímetro del Bien acusado de “liberal”, a pesar de haber ganado dos elecciones para la coalición y de haber conducido con éxito la economía del pais durante 10 años, uno de los pocos méritos que no se le discute al FA.

El método bolchevique

El “grupo de los 8” tiene su propio Ketman, de algún modo. Obligados de hacer una política económica que ellos mismos critican como “liberal”, (entendámonos, obligados por la razón y el buen sentido de poner a Astori por credibilidad electoral), gesticulan para hacer creer que se resisten. Mientas tanto se organizan para tomar el control según el método bolchevique. Una minoría de la minoría que controla a, y se hace pasar por, la mayoría.

No importa lo qué se hace sino quién manda. Y eso es lo que intentarán arreglar primero. Luego de que tomen el timón veremos qué se hace. Lo que importa es sacarle la mandarina a ese liberal de Astori, representante de “Harvard” (lo consideran un defecto).

Por ahora vamos bien, ya los sacamos de la fórmula. Prometimos ponerlo de ministro (es decir bajarlo de jerarquía), siguiendo nuestro Ketman, para hacer creer que esa política que abominamos es la nuestra. Todo dentro de la “unidad”, que quiere decir que nadie habla si nosotros no le damos permiso.
Cierre la muralla.

Publicado en Marrón&Azul, el 25 de agosto de 2014.

Ultima modificacion el Domingo, 07 de Septiembre de 2014 20:02
Eduardo Mariani

Eduardo Mariani

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