Domingo, 08 de Marzo de 2015 10:27

Los exprisioneros de los campos nazis incomodaban al mundo

por  Andrés Alsina
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Prisioneros de campos de concentración nazis en Alemania y Austria  fueron dejados dentro de sus instalaciones, acordonados con alambre de púas y guardias armados (esta vez aliados) por meses y hasta cinco años porque Estados Unidos y otras naciones les rehusaban visa.
Eran fundamentalmente judíos pero también homosexuales, gitanos, comunistas y testigos de Jehová, entre otros, y se los nombraba eufemísticamente como “personas desplazadas”, Displaced Persons. Muchos judíos fueron dejados vistiendo el piyama a rayas a que los obligaron los nazis.

En los primeros meses tras la llegada de las tropas aliadas miles murieron por enfermedades y desnutrición. La comida era tan escasa que en algunos campos los prisioneros “liberados” se rebelaron: los comandantes aliados rehusaban darles raciones extra a los sobrevivientes porque no querían privilegiarlos sobre los prisioneros de guerra.

Ante los reclamos de grupos judíos sobre las condiciones de “abyecta miseria” en que se los tenía, el presidente de Estados Unidos Harry S. Truman envió a un ex jerarca de inmigración. Earl Harrison, para que le informara de la situación. Los sobrevivientes “han sido liberados más en un sentido militar que propiamente dicho”, le escribió Harrison a Truman en el verano boreal de 1945. “Como están las cosas hoy, agregó, aparecemos tratando a los judíos igual que lo hacían los nazis, excepto que no los exterminamos. Están en un gran número en los campos de concentración bajo vigilancia de nuestras tropas en lugar de las tropas de la SS”.

La información surge de una investigación que hizo el periodista del New York Times, Eric Lichtblau, premio Pulitzer 2006. Él se preguntó por qué habían ido tantos nazis a Estados Unidos en los primeros tiempos tras la Segunda Guerra en relación a tan pocos sobrevivientes del Holocausto. Estaba investigando la ruta de salida de Europa de los nazis. Lo indiscreto de las preguntas, se sabe, son las respuestas.

El resultado de esa investigación está en su libro The Nazis next Door: How America Became a Save Haven for Hitler’s man (versión para Kindle, 11,24 dólares en Amazon). La traducción del título sería "Los vecinos nazis: cómo América se convirtió en un santuario para los hombres de Hitler". Una amplia referencia a su contenido está publicada por el propio diario el 7 de febrero.

Lo primero que encontró Lichtblau fue el informe de Harrison. Luego obtuvo material decisivo del diario manuscrito del general George S. Patton. En una anotación de 1945, furioso por el informe de Harrison por entenderlo –acertadamente—como un ataque a su propio mando, Patton escribió: “Harrison y los de su clase creen que una persona desplazada es una persona cuando no lo es”, escribió.

Se quejaba Patton de cómo los judíos de un campo “sin sentido alguno de las relaciones humanas” defecaban en el suelo y vivían en la mugre “como langostas perezosas”, y le dijo a su comandante Dwight D. Eisenhower que hiciera una recorrida por una sinagoga improvisada hecha para conmemorar el Yom Kippur, el Día del arrepentimiento.

“Entramos a la sinagoga, que estaba atiborrada con la mayor masa humana maloliente que yo jamás haya visto”, escibió Patton. “Por supuesto, los había visto (así) desde el comienzo y me maravillé que seres que alegan haber sido hechos con la forma de Dios pudieran verse de esa manera y actuar de esa manera”.

El periodista Lichtblau encontró otra evidencia de la actitud de Patton, no sólo de desprecio a los judíos de los campos sino de su extraña admiración por los prisioneros nazis bajos su control. Con Patton, los prisioneros nazis no sólo dormían en las mismas barracas sino que se les permitía mantener posiciones de autoridad ante ellos, pese a las órdenes de Eisenhower de “desnazificar” los campos. “Mire –le dijo Patton a uno de sus oficiales sobre los nazis—, si usted precisa a estos hombres, consérvelos y no se preocupe de más nada”.

El general Patton murió en diciembre de 1945 en Alemania mas buena parte de la situación se mantuvo. Luego del cáustico informe de Harrison a Truman, las condiciones de vida en los campos fueron mejorando lentamente, con escuelas, sinagogas y mercados surgiendo, y menos restricciones. Pero el malestar fue creciendo en la medida de que los sobrevivientes no tenían dónde ir.

En el campo de Bergen-Belsen se mantuvo en condiciones de prisioneros a 12.000 judíos hasta que fue cerrado en 1951. En 1948 nació en el campo Menachem Z. Rosensaft, hijo de dos sobrevivientes. Afirmó en una entrevista que cita Lichtblau que él cree que las adversidades y privaciones sufridas  por ellos luego de la guerra fueron pasadas por alto porque no se condescendían con la historia de que ganamos la guerra y liberamos los campos”. 

En un libro que recopila historias de descendientes del holocausto, God, Faith & Identity from the Ashes: Reflections of Children and Grandchildren of Holocaust Survivors (Dios, Fe e Identidad desde las Cenizas: reflexiones de hijos y nietos de sobrevivientes del Holocausto), Rosensaft señala: “Nadie los quería. Se convirtieron en un inconveniente para el mundo”.

Publicado en el semanario Brecha, Montevideo, en febrero de 2015, con el títulol "Lo que siguió al Holocausto".

Ultima modificacion el Viernes, 03 de Julio de 2015 12:06
Andrés Alsina

Andrés Alsina

Periodista

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