Domingo, 22 de Marzo de 2015 16:50

China: "Caerán tigres y moscas"

por  Andrés Alsina
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La batalla contra la corrupción que inició Xi Xinping al asumir la secretaria general del Partido

Comunista Chino en noviembre de 2012 fue inicialmente percibida como las de sus antecesores

en el último cuarto de siglo: sin excesos pero suficiente para ilusionar a la gente, eliminar

algunos enemigos políticos y consolidar su poder. Pero fue mucho más allá y se convirtió en

la definición de su política interna. Fue declarada parte imprescindible del desarrollo de las

potencialidades de China, que Xi plantea como un gran proceso de resurgimiento nacional con

el que volverá a ocupar un lugar central en la globalidad, el que afirma que tuvo “antes del

siglo de humillación”, entre 1842 y 1948, bajo el poder de Occidente y de Japón.

La extensión que logró la corrupción en 25 años es tal que la tarea bien puede definirse como

una segunda revolución cultural, y no es seguro que logre consolidarse. La tensión va en

aumento y el corresponsal de The New York Times maneja la posibilidad de que la eliminación

de privilegios desate una ola de protestas como la de Tiananmen en 1989, y aún de una suerte

de primavera árabe acompañada de crisis económica que minaría la base de legitimidad del

Partido Comunista Chino (PCCh), que es la de aumentar constantemente el nivel de vida del

pueblo. El propio Xi reconoce que enfrenta grandes resistencias. Pero ese cuadro negativo

también es posible si no se hace lo que se está haciendo, afirma Elizabeth Economy en Foreign

Affairs. “El PCCh, plagado de corrupción y carente de una ideología imperiosa y cautivadora,

ha perdido credibilidad entre el público y la inquietud viene en alza”. Un criterio importante

entre las dos opciones es cuál permite los beneficios de la economía de mercado sin cambiar la

estructura política comunista.

La corrupción venía creciendo. La media de soborno se duplicó entre 2000 y 2009, de 91.000

dólares a 225.000 (en cifras ajustadas por inflación), según el académico chino basado en

EEUU Minxin Pei. En 1990 la corrupción entró en una fase cualitativamente distinta, a partir

del desarrollo de la obra pública y el sector inmobiliario, ocupando del 36 al 41% del PIB en

2011. La privatización (pudorosamente llamada ‘reforma de los derechos de propiedad’) de

campos y minas logró una legislación extremadamente liberal con la que autoridades locales

fácilmente transferían los derechos a quien quisieran, incluyendo familiares.

“Caerán tigres y moscas”, prometió Xi. En los últimos dos años, 50 de los llamados ‘tigres’ o

jefes partidarios con cargos de viceministro o superior cayeron en la red de Xi. En los cinco

años anteriores, los altos funcionarios procesados fueron 6 por año. Este 1º de enero fue

apresado por corrupción el jefe partidario de Nanjin, Yang Weize, informó la agencia oficial

Xinhua. Aparentemente es un coletazo de la detención en diciembre del ex jefe de los servicios

de seguridad chinos Zhou Yongkang (un tigre de gran porte, por cierto), por corrupción y

filtración de información: a él y a sus cómplices se le secuestraron bienes por 14.000 millones

de dólares. El detonante del tema fue aparentemente que el hijo de Zhou le había comprado

dos pozos petrolíferos a la Corporación Nacional de Petróleo china por 3,2 millones de dólares,

que revendió de inmediato con una ganancia superior a los 80 millones de dólares. Otro tigre

importante fue el general Xu Caihou, apenas retirado de la vicepresidencia de la Comisión

Militar Central y ex miembro del Politburó, la conducción ejecutiva del PCCh.

Los casos se suceden. Los jefes de Transporte de 11 provincias han recibido castigos severos

por corrupción. El ministro de Ferrocarriles por largo tiempo, Liu Zhijun, recibió pena de

muerte en suspenso por aceptar sobornos por encima de los diez millones de dólares. En la

primera mitad del año pasado, el PCCh castigó a 84.000 de sus miembros (el uno por mil de

los afiliados) por infracciones a la disciplina, un 30% más que el mismo período del 2013. De

acuerdo a los informes fiscales, entre un tercio y dos tercios de todos los casos de corrupción

en China implican a la conjunción de funcionarios del PCCh y empresarios. En 1980, los casos

de corrupción eran actos individuales. La imprecisión en la compilación de los informes fiscales

(entre un tercio y dos tercios) hace referencia a un poder judicial dependiente del PCCh, y su

independencia es un objetivo declarado de Xi.

Un caso notorio que las redes sociales demostraron que le hizo ganar popularidad a Xi fue

el de las circunstancias de la muerte de Ling Gu, de 28 años, de madrugada y junto a dos

mujeres, al estrellarse en su Ferrari 458 Spider contra la cabecera de un puente en una

madrugada de Beijing, partiéndose en dos. El costo básico del auto es 303.000 dólares pero

éste era un modelo mejorado que alcanzaba el millón de dólares. Las fotos aparecieron y

desaparecieron rápidamente de la web ese marzo de 2012 y no fue hasta setiembre que

resurgió el caso, esta vez involucrando a su padre Ling Jihua, que un año antes era el jefe

de gabinete del presidente chino Hu Jintao y allí terminó su carrera política. El caso, fotos

incluidas, está entre muchos otros lados en www.businessinsider.com.

Fue en cambio un comienzo auspicioso para Xi, que asumiría en noviembre con la opinión

pública muy sensibilizada por este caso. El nuevo jefe chino obtuvo para un aliado, Wang

Qishan, el mando de la Comisión Disciplinaria del Comité Central. Actualmente Wang

profundiza su trabajo con largas entrevistas confidenciales en las provincias, y las agencias

anticorrupción locales deben ahora informar los resultados de toda investigación que realicen.

A partir de esa información de base, la investigación va trepando el árbol de las jerarquías de

la más poderosa institución china, el PCCh, con 86 millones de miembros en 1.370 millones

de habitantes, uno cada 16. El costo de la campaña anticorrupción fue estimado en marzo

pasado por Bank of America Merrill Lynch en más de 100.000 millones de dólares sólo ese

año. En cambio, para esa misma época se anotaba un aumento de los depósitos bancarios de

Estado del orden del 30%, porque las jerarquías temen iniciar obras que los comprometan en

ese magma de corrupción que es el Estado chino. La tasa de suicidios entre los jerarcas del

Estado es ahora un 30% superior al del resto de la población, informó el gobierno. Los costos

de la campaña anticorrupción son compensados por el ahorro en bienes suntuarios y la falta

de inversión (no se encontró una cifra desglosada), que según el China Blog de BBC implica una

reducción de 135.000 millones de dólares en el gasto.

Wang Qishan explicó sus criterios de trabajo: “Es como dejar de fumar y beber. No se puede

hacer de un momento para otro”. Y también: “Combatir la corrupción no debe ser pegarle a

un perro que se ahoga sino reflejar el esfuerzo del gobierno por combatir estos injertos”. La

verdad es que hace dos décadas no hubo más remedio que auspiciarlos. La revuelta social

que tuvo su centro en la plaza de Tiananmen entre abril y junio de 1989 fue contra un PCCh

represivo y corrupto; le siguió en noviembre la caída del Muro de Berlín y con él la devaluación

del estimulo ideológico que mantenía cohesionado el régimen chino. El PCCh suplantó ese

estímulo con el incentivo material dándoles puestos redituables a los leales, y la corrupción

se multiplicó e hizo más compleja su organización, extendiéndose a todas las jerarquías del

Estado a través de la red de relaciones del PCCh. Hoy la red de corrupción es descrita como un

Estado dentro del Estado, por ahora a la defensiva de las acciones de Xi a través por ejemplo

de pasividad burocrática. Esa fuerza latente es lo que hace incierto el resultado del gobierno

de Xi. Una de las debilidades del nuevo hombre fuerte (versiones de prensa) es que su familia

es una de las más ricas de China, y habría dado la directiva a sus parientes de bajar el perfil

y el monto de los bienes. También (pero esto es un hecho), que dejó el criterio colectivista

para ejercer las funciones de poder y las asumió todas él: cabeza del PCCh y de la Comisión

Militar Central, los dos pilares del poder, además de grupos directrices en materia económica,

reforma militar, el tema Taiwan, relaciones exteriores y la comisión de seguridad nacional.

Está protegido: se hizo jurar lealtad por 56 oficiales superiores de las Fuerzas Armadas, algo

que sucede por tercera vez en la historia china. Describiendo la dualidad de la situación, Evan

Osnos, del New Yorker, cita al ya anciano comunista Chen Yun: “Combate la corrupción muy

poco y destruirás el país; combátela mucho y destruirás al Partido”.

Curiosamente, la misma razón por las que se autorizó de hecho la corrupción, con el

relajamiento de controles, facilitar las tentaciones y hacer la vista gorda, está en la necesidad

de erradicarla como método de funcionamiento del Estado: el desarrollo de la economía

del mercado sin cuestionar el sistema político comunista. China hizo una transición única al

régimen de economía de mercado pues conservó viejas estructuras al tiempo que creaba

nuevas. Aquel hombre que las promovió, Deng Xiaoping, el de la difundida frase de que no

importa el color del gato mientras cace al ratón, fue quien matrizó la modernización de China

que Xi quiere continuar. Aunque Deng asumió funciones en junio de 1981, el planteo estaba

hecho desde 1978, cuando el PIB chino llegó a un alza del 10,2%. En 1989-90, el PIB creció

2,5% y 2,3% demostrando los costos de los reveses políticos de Tiananmen y el socialismo

real. En 1992 se lanzó otra etapa con el desarrollo de infraestructura (un criterio que parece

imantado del keynesianismo) y se consideró necesaria la corrupción para contar con el aparato

del Estado. Ese cambio cualitativo permitió un brusco crecimiento del PIB de las magras cifras

de la crisis: 7,7% en 1991, 12,8% en 1992, 12,7% en 1993, 11,8% en 1994, y tasas de entre 9% y

8%, entre 1995 y 2005, con dos años al 6,8%.

Esa fuerte acumulación de riqueza produce una disminución importante de la población rural,

de 1% por año según el Banco Mundial (51% en 2010 contra 46% en 2014), que el país sea

hoy catalogado de ingresos mediano altos por el Banco Mundial y el FMI da la noticia que

China ya es la primera economía del mundo, con un estilo de trabajo que a cambio de mano

de obra ahorra capital fijo de la industria para mejores fines (ver Brecha 26 XII 2014). Sobre

esta base se desarrolla una clase media que consume, se la incita a estudiar para producir

conocimiento y se abre en dos el sistema universitario para poder desarrollar al estudiante con

mayores capacidades y encontrar aplicación para los de menores. (Hoy, el 85% de las familias

con bienes por encima del millón de dólares quiere que sus hijos estudien en el extranjero,

según un informe chino, Hurun report.) La innovación que Xi auspicia está claramente dirigida

a las ciencias y la tecnología, sin duda. La investigación académica fue prohibida en siete áreas:

valores universales, sociedad civil, derechos del ciudadano, errores del Partido Comunista, los

privilegios del capitalismo y la independencia del poder judicial.

Para contar con un Estado que canalice la innovación, éste necesita ser despojado de la

corrupción, que lo paraliza y compromete su funcionalidad a largo plazo, y esa es la explicación

de la actual campaña. Y muy especialmente, el PCCh necesita volver a ser la referencia

fundamental de la sociedad con una autoridad moral rectora. Para eso, se quiere hacer

imperar el marxismo-leninismo y el maoísmo (el propio Xi hizo un postgrado en marxismo

entre 1998 y 2002, aparentemente como parte de estos planes hoy aplicados) y se reivindica

a Confucio (igual que Vietnam) alegando su vigencia en problemas contemporáneos y

reconociendo así la necesidad de raíces culturales profundas para la transformación que se

pretende.

 

Publicado en el semanario Brecha, Montevideo, Uruguay con  el título: "China lucha contra el cepo de su corrupción /  Caerán tigres y moscas".

Ultima modificacion el Domingo, 22 de Marzo de 2015 21:51
Andrés Alsina

Andrés Alsina

Periodista

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