Lunes, 30 de Enero de 2012 18:18

Deporte profesional y construcción de ciudadanía

por  Ricardo Piñeyrúa
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Deporte profesional y construcción de ciudadanía http://www.deporte.gub.uy/juegos/

Para pensar el futuro deportivo y, principalmente, cómo hacer que juegue un rol positivo en la construcción de ciudadanía hay que empezar por acá, por el deporte profesional, por los que ocupan la pantalla de la televisión y las noticias en la prensa, los que atraen a la mayor cantidad de gente, los que más influyen.

En Montevideo circulan cinco diarios; cuatro de ellos tienen un suplemento deportivo de ocho páginas o más, que dedica la mayor parte de su información al deporte profesional y, en particular, al fútbol.
Es una fuerza de arrastre que moviliza, va condicionando y empujando a todas las formas de expresión del movimiento además de generar un estado de satisfacción en la sociedad que pocas expresiones culturales dan.
La felicidad colectiva es un objetivo del conjunto de la sociedad y de sus gobiernos. El deporte en general, y en nuestro país el fútbol en particular, puede contribuir a ello y, desde ese punto de vista, también debe ser una prioridad. Esto  lo han reconocido los dirigentes más importantes ante los últimos logros de la selección de fútbol.
Pero más allá de lo declarativo, no hay debate. Se ha entendido que el Estado debe garantizar y promover el acceso de sus habitantes a la actividad física y la educación física, y dejar el deporte en manos de la actividad privada o el voluntariado de las federaciones y clubes.
Desde la clase política se sigue mirando con recelo el mundo del profesionalismo, cuando se debería actuar sobre él para transformarlo en un motor del deporte y de todas las expresiones que vienen con su desarrollo, incluidas las económicas y culturales.
El deporte profesional, principalmente el fútbol y el básquetbol, se han transformado en una fuente de trabajo para miles de uruguayos. En el fútbol, por la venta de jugadores al exterior ingresan anualmente decenas de millones de dólares que se derraman en una red de más de tres mil trabajadores, jugadores, técnicos y preparadores físicos, médicos, fisioterapeutas, psicólogos, cancheros, empleados de los clubes y hasta los propios chicos que juegan en las divisiones juveniles y perciben viáticos o pequeños salarios. Es una actividad económica que se maneja en la mayoría de los casos con amateurismo por dirigentes voluntarios que, muchas veces pierden el sentido de la responsabilidad y del capital que tienen en sus manos.
Ese hinchismo de los dirigentes ha sido un obstáculo para que se desarrolle un proyecto viable, que tenga carácter nacional y no montevideano, y que permita alcanzar una sustentabilidad con independencia económica.
Ciertamente que el mercado es pequeño y eso disminuye las posibilidades ante la región y el mundo, pero debe haber caminos que permitan su funcionamiento y expansión, y arrastren tras de sí a una actividad económica que va desde el empleo directo hasta la comercialización de merchandising y derechos de televisación.
El amateurismo o hinchismo de la mayoría de los dirigentes voluntarios los ha dejado en inferioridad de condiciones ante los empresarios que destinan su experiencia, tiempo y dinero a obtener beneficios con el deporte.
En el fútbol, la oferta de adquisición de jugadores se centralizó en el mercado europeo. Recientemente han crecido mucho los mercados regionales, sobre todo Brasil y México que empiezan a competir con algunos países europeos, pero habrá que esperar a su consolidación.    
Para acceder a esos mercados se necesita invertir tiempo y dinero. No es fácil para los clubes y sus dirigentes acceder a estos sin pasar por intermediarios que manejan las negociaciones y conocen los puntos a tocar en cada club y país. La aparición de estos agentes ha llevado a la FIFA a reglamentar su actividad y crear un registro, tanto de representantes de jugadores como de aquellos agentes que organizan espectáculos, torneos y eventos, y los que arman los partidos entre selecciones o llevan de gira a un club.
Incluso la FIFA acepta que una persona física o jurídica sea propietaria de los derechos económicos de un jugador. Esto contradice la ley uruguaya que lo prohíbe y, en cierta forma, contradice el proyecto a estudio en el Parlamento sobre el control de la actividad de los agentes.
Empresarios, intermediarios, agentes y muchos otros que tienen capital colocan su dinero en el fútbol y, en general, sacan beneficios sin que los clubes reciban lo necesario para seguir con su tarea de formar jugadores y la intangible de dar una satisfacción a los uruguayos y cumplir el rol de entretenerlos.
La sociedad entre los empresarios y la televisión ata a los clubes. A estos, la  dependencia de las ventas de jugadores más la necesidad de recibir dinero por los derechos de televisación los ha hecho más dependientes de los grupos económicos, que siguen presionando para mantener el manejo del negocio y que a lo largo de los años han construido un fútbol pobre, con jugadores profesionales que ganan en promedio poco más de veinte mil pesos pero con empresarios millonarios y una elite de jugadores que en el exterior han tomado una distancia gigantesca en sus ingresos con respecto a la mayoría que queda en el país.
Comprender la magnitud del fenómeno del profesionalismo, aun en un país pequeño como el nuestro, implica ayudar con medidas legislativas, económicas, de promoción, que liberen la actividad e impulsen su desarrollo en forma independiente y a favor de los intereses generales, dando garantías para todos.

"Profesionalismo y alta competencia, primera preocupación". Fragmento del capítulo Deporte profesional constructor de ciudadanía del libro La aventura uruguaya, vol. III, coordinado por Rodrigo Arocena y Gerardo Caetano. Editorial Debate. 2011.

 

Ultima modificacion el Sábado, 24 de Marzo de 2012 17:25
Ricardo Piñeyrúa

Ricardo Piñeyrúa

Periodista, comentarista deportivo.

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