Viernes, 06 de Junio de 2014 17:21

Elecciones, participación, poder y protesta

por  Margarita Michelini
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“Y si me dan a elegir, entre toda esta politiquería, ¡me quedo siempre con la sabiduría, las relaciones humanas, el arte, el amor y todo lo que es verdadero! ¡Igual voté!”

Esto escribió una amiga el domingo 1º de junio. Hace por lo menos ocho años que ella lucha para que se concrete un proyecto de vivienda asistida que incluiría a uno de sus hijos, quien sufre trastorno mental severo.

En una ciudad del interior de país, alguien donó la casa; técnicos y profesionales elaboraron el proyecto; se formó una comisión de apoyo. Sin embargo, ni las autoridades de gobierno ni las municipales fueron capaces de concretar la iniciativa. Los funcionarios que acompañaron, que los hubo, se toparon con la mala burocracia, con meses de silencio, con promesas incumplidas. Cambiaron los gobiernos pero no la situación. Por indiferencia, ignorancia, mezquindad o minúsculas luchas de poder hay una casa vacía, pacientes psiquiátricos sin rehabilitación y familias desamparadas.

Si esta amiga hubiera dicho “¡No voté!” ninguno de quienes conocen su peripecia se hubiera atrevido a darle ninguna lección de que si no participa no se queje. Porque ella vaya si participa: pide, reclama, convoca, se reúne, viaja a la capital, vuelve a hacer el mismo trámite o golpear la misma puerta donde hay otro funcionario a quien debe volver a explicarle todo de nuevo. Sin resultados a la vista.

Con frecuencia, la participación (en el sentido de actuar y comunicar) no logra resultados cuando no se tiene poder. Votar en las internas no siempre es sinónimo de incidir. Tal vez esa fue una de las razones por las que hubo menor cantidad de votos en las elecciones de candidatos a la presidencia y órganos deliberativos nacionales y departamentales.

En conversaciones con algunas personas conocidas interesadas en la cosa pública expresaban que estas elecciones les eran ajenas. Que dentro de la oferta restringida de candidatos, la mayoría elegida en las cúpulas, no encontraban ninguno que los representara. Que las elecciones nacionales eran “otro cantar” porque ahí sí elegirían el poder legislativo y ejecutivo entre los mejores o los menos malos.

Si en la democracia representativa los ciudadanos delegan el poder de gobernar y legislar, algo deben recibir a cambio. En términos generales, los elegidos administran la convivencia en paz, las relaciones exteriores y otros asuntos.
En el caso del voto obligatorio, la contrapartida debería ser la obligación de los gobernantes de cumplir las promesas pre electorales, administrar bien y servir a la sociedad, no a sí mismos.

A todas las obligaciones de la vida moderna no agreguemos otra más obligando a votar en las internas. Tampoco es bueno amenazar a los ciudadanos diciéndoles que si no votan no se quejen. Para bien de todos, la democracia uruguaya se nutre de elecciones, siempre bienvenidas, así como de otros espacios de participación y propuesta. También de la protesta y de la queja que, dicen, forma parte del ser nacional.

 

Publicado en el semanario"Voces", el 5 de junio de 2014, con el título "No siempre participar es incidir".

 

Ultima modificacion el Miércoles, 18 de Junio de 2014 17:20
Margarita Michelini

Margarita Michelini

Periodista, humorista, editora de cosasdelavida.

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